Bien estar y evocación de la paz
Bien estar y evocación de la paz
Por Carmen Gamargo Lagonell
La búsqueda de un concepto que nos abarcara, como expresión de nuestra cultura, ha permanecido en mi mente por muchos años, el profesor Efrén Barazarte me ha facilitado el proceso. Me permito las palabras de su enjundioso trabajo: La Paz como expresión de vida, lo cual representa la síntesis de lo que en vano yo buscaba. En su trabajo, el prestigioso universitario indica: “…práctica de la paz proveniente de significativos venezolanos…” (Efrén Barazarte. Visión de la paz como práctica de vida. Ponencia presentada, como invitado especial, en el Encuentro de Paz. UPEL-Maracay, 2010). Es mi consideración que hemos informar al resto de la humanidad los avances que los nacidos en esta tierra han realizado por la paz.
Me refiero al “bien” y al “estar”, “Bien”, porque a través del ejercicio de nuestra voluntad, estudio y perseverancia vamos a buscar dentro de nosotros y nuestro contexto, todo lo que nos conduzca hacia la paz, como una búsqueda placentera e incesante, de perfección y de lo mejor. Es la práctica de la teoría de los valores. Es rastrear lo positivo en la realidad. Ya expresado por Barazarte: Paz equivalente a perdón, paz consigo mismo, transformación de la realidad, valor de la paz. ¿Acaso no es eso lo que nos han manifestado los diferentes ponentes en esta jornada?
“ Estar”, utilizado como existir. Significa convivir, encontrarse en esta Venezuela actual, no tenemos otra. Sin embargo, considero que pueden las circunstancias negativas ser cambiadas de manera silenciosa y a largo plazo, si cada uno trabaja conscientemente hacia la pesquisa de los factores que contribuyen con la estabilidad: personal, familiar, social…en fin de la humanidad en general, de ese otro que busca incesantemente el bien. A partir de allí, podemos referirnos al bienestar, ahora sí, entendido como todo lo espiritual, mental y material que conduce a coexistir, disfrutando del vivir bien. Ubicarse en el contexto de manera placentera, con expansión constante, fijando los límites sólo donde comienzan los derechos del otro. Han de estar en maravillosa danza todos, sin exclusiones: el individuo como persona única e irrepetible, la familia, la sociedad, la humanidad ¿Una utopía? No he denegarlo. Si no establecemos ideales, poco podemos hacer, al caminar sobre la realidad, para su mejoramiento continuo.
Incluyo la “evocación”, en el sentido de extraer de los recuerdos, lo que pueda alimentar la insustituible imaginación en esa búsqueda de la paz. Es clamar, para que la esencia de nuestra existencia acuda presurosa a socorrernos, para que hagamos consciente todo ese bagaje positivo de cimentación, el cual a menudo permanece oculto. No me refiero sólo a nuestras remembranzas, sino a la memoria de nuestro ADN, esa herencia corporal, mental y espiritual de nuestros antepasados que nos nutre, aunque para algunos sea inutilidad pura. No, mis queridos escuchas. Si no hubiesen existido atisbos de la paz en nuestro linaje, nosotros no estaríamos aquí. Si nuestros antecesores no hubieran trabajado en pro de la paz, no formaríamos parte de este grupo, afanándonos sobre el estudio y manifestación de este constructo que hoy ocupa nuestra mente, corazón y espíritu.
En este momento, me gustaría que miraras a tu alrededor y encontraras a alguien cuyo rostro te evoca la paz de algunos de tus formadores. Dirígete a él suavemente y en pocos segundos, exprésale acerca de tu recuerdo. Háganlo así con dos o tres personas más. Vuelve a tu asiento y ahora, en pocas palabras explícale a quienes están cerca, cómo tu familia y la escuela que te formó fueron inyectando en ti la idea de la paz.
En este momento, cámbiate a un lugar cercano y explícale a esa otra persona cuáles son tus necesidades de paz y cuál sería el plan para lograrlo. Muévete otro poquitín más y dialoga sobre como vas a expandir tu idea de la paz: escribiendo, dando clases, en conferencias y otras.
Ahora en silencio. Medita sobre lo que hablaste y escuchaste. Piensa que has estado en contacto con representantes de la humanidad. Si te movieras a Europa, Asia, África u otro continente, encontrarías seres humanos, similares a los que han tenido contacto contigo en los minutos precedentes.
¡Ah!, no me recrimines. Estoy consciente que también existen los que carecen de la paz, esos que no están aquí y probablemente no sean de nuestro círculo cercano. Estos aviesos, fueron formados 30 años antes de nacer. ¿Sabes a lo que me refiero? ¿Habrá esperanza para ellos? Por mi labor como educadora y terapeuta en centros de reclusión, considero que para algunos sí. En relación con la mayoría, la labor será ardua, debilitante, agotadora, incesante. Tiene que establecerse con disciplina, continua y sin embargo con espacios para recuperar fuerzas y rehacer caminos. .
Lo importante es que reforcemos los ya existentes núcleos generadores de la paz, al mismo tiempo que aprendemos de ellos. El trabajo por la paz, a no dudarlo, beneficiará a nuestros descendientes. Es indispensable que tengamos conciencia de que mente y espíritu del bien están ayudándonos en la tarea, para realizar pequeños, valederos, flexibles y estables cambios, que nos permitan transformar la realidad hacia el “bien” “estar”.
Doctora. Universidad del Sur. México
Doctoranda Universidad de León. España
Doctora Honoris Causa UPEL-Maracay. Venezuela.
Maestría en Terapia Grupal. USA.
Postgrado en Orientación. DOME. Venezuela.
Profesora de Filosofía y Ciencias de la Educación. IPC. Venezuela.